Carta de un Educador Trail Runner.

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Hace dos años escribí sobre la cantidad de cosas que te enseña terminar una carrera de montaña de 55 km. Dos años después me he tenido que retirar de la misma carrera en el km 24. Es de recibo escribir también lo que he aprendido, para todos esos menores y jóvenes que se dan por vencidos.

1. Vayas a donde vayas tiene que ir bien preparado, de no ser así posiblemente fracasarás. Hay que ir a cualquier lado bien entrenado, con la lección aprendida, habiendo ensayado mil y una veces.

2. Tus amigos siempre respetarán tú decisión y te apoyarán. También te dirán sus inconvenientes y ventajas, sus problemas.

3. Planificación. Vayas a donde vayas tienes que planificar bien para evitar sobresaltos de última hora.

4. Mentalidad positiva. Hacer algo que piensas que te va a salir mal desde el principio,  acabará saliendo mal.

5. Cuando algo te salga mal te pararás y pensarás cuales han sido  los motivos. Cualquier fracaso sin reflexión no se convertirá en un éxito. Tendrás que ser crítico contigo mismo.

6. Puedes llorar y gritar. Te aliviará.

7. Nadie. Nadie debe de sentir vergüenza por decir «esto ha podido conmigo». Es humano y reconocerlo nos hace fuertes.

8. Volver a intentarlo. Sin pensarlo, hasta que lo consigamos.Poner en marcha los anteriores puntos.

5 ideas clave para la educación digital

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Después de dos días de reflexiones en #formaredes aquí os dejo mis ideas claves sobre el uso educativo de las redes sociales como profesionales de la educación de menores.

Claro es que son conclusiones personales, y en que en cada ámbito de trabajo pueden y serán distintas o que al fin y al cabo es el equipo educativo quien y como decide que se debe de trabajar en este campo de las Tic y las redes sociales, todavía un mundo por explorar pero al que tenemos que empezar a tener menos miedo.

 1.       Las redes sociales son los nuevos patios/calles, nuestra presencia es necesaria. 

Es sencillo. No he visto nunca a un educador que mientras en el patio o en la calle los menores juegan o hablan, él se encuentra cara a la pared y ajeno a lo que allí ocurre.

Es una realidad que todos los menores están en las redes sociales y nosotros no podemos permanecer ajenos a ello, debemos entrar y compartir ese espacio con ellos, dándole un uso educativo y transformador, tal y como haríamos en el patio. Sencillo.

 2.       La cuestión no es si debemos usar o no las redes, sino cómo integrarlas como herramienta educativa.

Las discusiones en los equipos educativos sobre si debemos usar o no las redes sociales son eternas, con mil posicionamientos o teorías, pero si partimos desde el punto 1, el debate no se encuentra en si debemos o no usar las redes, el debate se encuentra en como las debemos usar para darles un uso educativo. Ahora bien, a partir de ahí podemos debatir como las vamos a usar y de qué manera.

 3.       ¿Relación por  Whatsapp profesional o personal?

 

Otro eterno debate. ¿Dónde termina la implicación laboral ó esta donde llega? . Bien, yo pienso que no debe de ser una decisión personal, sino de equipo educativo. Si un menor me escribe un WhatsApp a las 23:30 , ¿lo debo de contestar? . Primero, sentido común y segundo, debería ser decisión del equipo educativo poner límites en este tema. Lo ideal y lo mas profesional, según mi criterio y escuchando las aportaciones de mis compañeros en #formaredes , debería de haber un WhatsApp de la entidad, donde se centren todo los mensajes, siendo un lugar “publico” para todo el equipo educativo y donde el límite de horario se establece con el horario laboral del proyecto y de sus profesionales. Al día siguiente todo se puede solucionar, seguro.

 4.       Debemos de ser referente en las Redes Sociales.

Consideramos importante ser referentes de los menores en la vida cotidiana, ¿Por qué no en las redes sociales? Ya lo hemos dicho, las redes son los nuevos patios, las nuevas calles un nuevo espacio para las personas. Por ello nosotros debemos de ser referentes en el buen uso de las redes sociales, enseñándole todas las ventajas y preocupaciones que tienen las redes.  Si ven que nosotros hacemos un buen e interesante uso de las redes sociales, podremos conseguir que ellos también lo hagan, siendo referente en cómo manejar este nuevo espacio.

5.       Un reto: Conectar a los desconectados

Las redes sociales son un nuevo espacio de normalización. Es interesante poder conectar a los desconectados sociales,  para normalizar y no crear brecha digital. En muchos barrios de España se lleva trabajando desde hace tiempo este tema, ofrecer espacios de encuentros digitales para los más desfavorecidos.

Competencia, vocación y compromiso. Pensamiento de @Nolotarin

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Competencia, vocación y compromiso.

 

Hace unos meses tuve que decir unas palabras a un grupo de estudiantes de  Educación social que se graduaban. Como hoy en día todo discurso que exceda al pensamiento sintético de un tweet parece desbordar al público juvenil, intenté ajustarme a esa nueva práctica y este fue el resultado en 140 caracteres: El educador/a social “completo” aparece cuando se consiguen combinar con equilibrio: competencia profesional, vocación y compromiso social.

Intentaré ahora, explicar y matizar desde mi experiencia en los proyectos sociales salesianos, estos tres elementos con un poco más de detalle.

  

       Competencia profesional.

Este trabajo no es solo una cuestión de buena voluntad. Que el educador/a conozca los mecanismos de la relación educativa, que tenga capacidad de ponerla en práctica, que conozca el origen de los problemas a los que se enfrenta, que sepa identificar las necesidades reales de los niños/as y jóvenes con los que va a trabajar, planificar y evaluar su acción socioeducativa, resolver conflictos, dinamizar grupos… son algunas de las competencias que se le requieren. Y dentro de estas competencias profesionales, de ese “saber hacer” del educador/a, hay algunas que destacan por su proximidad con la pedagogía salesiana. Principalmente me refiero a aquellas relacionadas con la animación. El educador/a descubre en ellas, una forma de acercarse y conectar con el niño/a o el joven, un medio para conseguir objetivos educativos; y principalmente una herramienta para generar un ambiente positivo y festivo. Divertirse, reírse, pasárselo bien… no es solo una cuestión de caracteres o formas de ser, es también un estilo educativo, que se puede trabajar y generar. A través del mismo, niños/as y jóvenes se sienten identificados, atraídos, y en cierta medida se sienten reconocidos en lo positivo. La animación suele poner en juego esa parte “sana” de la persona y es desde esta potencialidad desde donde nuestra pedagogía siempre pretende arrancar.

 

       Vocación.

Si la entendemos como “gusto” por la tarea educativa con niños/as y jóvenes, añade un componente personal a la competencia profesional (aunque evidentemente está íntimamente relacionada, si no me gusta lo que hago difícilmente lo haga bien…). Pero si la observamos en un sentido más profundo, más allá del mero gusto (que no es poco…); vocación significa “sentirse llamado”. Es descubrir en la educación la concreción idónea para desarrollar las propias capacidades, el espacio en el que encontrar la parte de realización personal que puede aportar el trabajo. Además la vocación suele acompañarse de una especial sensibilidad por el sujeto de la educación, de una mirada comprensiva y paciente por el niño/a o joven al que acompañamos. Esta sensibilidad educativa es la que permite acercarse a ellos con facilidad, disfrutar de la relación y salir al encuentro. Estaríamos refiriéndonos a la dimensión “ser educador/a”, más allá de las competencias instrumentales antes mencionadas. Aquí estamos hablando de actitudes; de la cercanía afectiva, de la amabilidad en el trato, de la acogida incondicional… que el educador/a pone en práctica porque sabe que dan seguridad al niño/a o al joven, le ayudan a curar heridas, a superar carencias y a descubrir potencialidades.

 

       Compromiso social.

Traducido principalmente en “dar sentido” a mi trabajo. Éste puede suponer únicamente un desarrollo técnico que me aporta ingresos y más o menos satisfacción. O puedo considerarlo además un elemento transformador del mundo que vivimos. Posiblemente ésta sea una significación diferente de la profesión, elegida o convertida en instrumento de transformación social y personal. Si la educación social solo aspira a conseguir la adaptación de los individuos y no a generar cambios en la sociedad, seguramente pierde su autenticidad. Deja de ser fiel a su esencia como profesión del cambio social, que busca la construcción de un mundo más justo y humano para todos. El trabajo directo con el niño/a o el joven, no puede hacernos olvidar las causas que generan sus carencias y la necesidad de también incidir sobre ellas.

En muchas ocasiones, es esta dimensión la que permite con el paso del tiempo seguir enfrentándose con ilusión y optimismo a los problemas. Es la que posibilita tolerancia frente a las limitaciones y “miserias” de las personas con las que trabajamos. Es la que en cambio genera firmeza y postura crítica frente a las instituciones. Es la que al fin y al cabo puede garantizar la permanencia con frescura, en territorios de frontera como los nuestros, en los que hacerse “mayor” no es tarea nada fácil.

 

@nolotarin

*Artículo publicado en la revista «Juan Soñador»

Sobre el reconocimiento social de la profesión.

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Antes del verano, en una comida uno de los menores pregunta:

– Oye, ¿vosotros tenéis otro trabajo aparte de este?
– No, nuestro trabajo es este, estar con vosotros y acompañaros.
– ¡Ah! yo pensaba que esto era vuestro hobby. Pues que trabajo más guay…todo el día de aquí para allí, jugando al fútbol, de excursiones, haciendo deberes…Aunque nos ralláis la cabeza.
-Si, la verdad es que no está nada mal.
– ¿Y cuanto cobráis? unos 50 euros
– Bueno, un pelín más…

Así terminó aquella conversación que en aquel momento no le dimos mucha importancia. A los días si que la comentamos entre los compañeros. Y es que, nos encaprichamos en gritar a diestro y siniestro, por todas nuestras redes sociales y en todas aquellos cursos y conferencias a las que asistimos que nuestra profesión no es reconocida, (y eso verdad)  ponemos fuerza en que las administraciones nos escuchen como a nosotros nos gustaría. Peleamos para ser reconocidos por otros profesionales, que la clase política nos tengan en cuenta en sus discursos, y un largo etcétera, que bien sabéis todos vosotros, porque la verdad, es que tal vez nos estemos volviendo «cansinos» con este tema, parece, que fuera de nuestro puesto de trabajo, no sepamos hablar de otra cosa que no sea sobre nuestro reconocimiento. Y con esto no quiero decir que todo esto no sea necesario, ni mucho menos, ¡pero es hora de dar un pasito alante ya!.

Volviendo a la conversación con aquel menor. Yo de momento me voy a centrar en que mi labor sea reconocida y apreciada por aquellos con los que trabajo cada día. A veces alucinan cuando se enteran que hemos ido a la universidad para trabajar con ellos, alucinan cuando se enteran que cobramos por nuestro trabajo. Que sean conscientes que nuestro trabajo tiene unos objetivos que van más allá de sentarnos con ellos a comer o salir de excursión. El día que todas las personas con las que trabajamos sepan que somos y  cual es nuestra principal labor, ese día, yo dejaré de reivindicar.

(Todo esto con voz reivindicativa)

Pensamiento de @NoloTarin: «Relación educativa y WhatsApp»

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Últimamente he escuchado a educadores/as hablar del wathsapp como una herramienta muy útil para contactar con las familias, para avisar a los menores, para informar al equipo, etc, pero pronto vemos que es mucho más que eso. Se trata más bien de un nuevo espacio de relación, de muchísima entidad y en el que además pueden operar nuevos modos de relacionarse.

Hace unas semanas tuvimos que “expulsar” del centro temporalmente a Lorena, una adolescente que demasiadas veces estaba faltando el respeto a compañeros y educadores/as. El objetivo educativo buscaba que en la distancia se diese cuenta de lo poco que estaba valorando el recurso que se le había ofrecido. A los días, cuando regresó y hablé con ella, me di cuenta que la distancia física que pretendíamos había sido real (no se había visto con nadie del centro), pero no así la relación virtual. Lorena desde su necesidad había ido “watshapeando” con diferentes educadores/as (claro, solo de los que tenía el número), y había ido encontrando también diferentes respuestas (quien solo la saludaba, quien le preguntaba sobre cómo le iba, quien le daba consejos… y también quien no le contestaba). Este contacto le pudo ayudar y convertirse en algo positivo para ella, pero también pudo distorsionar la medida educativa que pretendía la distancia física y real del proyecto. Pero sobre todo pudo convertir en ambivalente el criterio educativo y eso es más preocupante. Porque si Lorena hubiese venido por el centro, ninguno hubiésemos dudado en decirle que se tenía que ir, o a casi nadie se le hubiese ocurrido llamarla para tomarse algo y charlar esos días. Pero claro, si cuando el educador/a está en su casa, a las diez de la noche y tumbado en el sofá, recibe un whatsapp de Lorena, puede que no tenga tan claro como actuar.

Hace unos pocos años, cuando dejabas de ver unos días a un menor por el centro te tocaba salir a la calle y buscar su encuentro. Cuando alguno estaba pasando un mal momento tenías que ingeniártelas para mostrarle tu cercanía y acceder a él. Cuando surgía el conflicto había que ser valiente para afrontarlo y mantener el pulso.  La relación educativa requería siempre contacto, tenía que ser efectiva, se hacían necesarias estrategias de acercamiento, habilidades de comunicación, capacidad de conectar con los centros de interés, experiencias intensas de convivencia para afianzarla… Hoy en día sigue siendo así, pero además está el whatsapp. Ese nuevo espacio en el que nos relacionamos y que rápidamente ha invadido cualquier contacto vital. Es innegable que también tendremos que referirnos a él cuando hablamos de relación educativa, porque nos guste o no, las relaciones humanas actuales también se construyen y desarrollan en este espacio virtual. Desde él podremos acercarnos al adolescente, buscarle, conocerle, motivarle, incluso confrontarle. Abriendo nuevas posibilidades para el trabajo educativo, pero también emergiendo algunos riesgos que no podemos obviar y ante los que conviene pararse a pensar.

Lo primero que destacaría, es que la “comunicación de chat” no suele tener una simetría exacta con la que se genera en la relación efectiva y personal. Con frecuencia se produce una exaltación de la afectividad (todos nos queremos mucho), una profundidad en la conversación engañosa (porque todo es muy fugaz), cierta desinhibición (me atrevo a expresar más), no existe tonalidad (los malos entendidos), la multiplicidad de conversaciones y de interlocutores (mi relación no es la única en ese momento), el entretenimiento (hablo para no aburrirme) y un largo etc. Por lo tanto la “autenticidad” de cualquier conversación tendríamos que ponerla cuanto menos en paréntesis y contrastarla con la realidad relacional existente.

Otra de las características del whatsapp en el trabajo educativo, es que se trata de un espacio de relación privado, no visible. Donde no podemos saber quién está teniendo relación y de qué modo. La relación educativa “tradicional” es pública, sabemos quién tiene relación con los menores y con qué estilo educativo. La relación en el whatsapp no suele pasar el filtro del equipo educativo, en gran medida va a depender de una decisión personal. Generándose fácilmente diferencias entre los mismos educadores/as según su propio criterio para dar respuesta a los continuos dilemas que se plantean: ¿“wahtsapear” con un menor?, si lo hago, ¿de qué temas hablar?, ¿a qué horas?, ¿con qué frecuencia?, ¿en qué tono?, ¿en grupos?…

Otro aspecto inquietante es el de su ubicación en la frontera entre lo personal y lo profesional. La relación se va a producir seguramente fuera del centro o del programa, sin horario definido, sin las acotaciones del contexto (el despacho, la tutoría, el trayecto, la visita, la actividad, etc). Fuera de mi horario de trabajo mantengo relaciones que no pueden dejar de ser educativas, y que posiblemente se intercalan con otras relaciones personales que pueden acabar confundiendo el sentido de las primeras. Además la relación va a depender exclusivamente del posicionamiento personal del educador para dar su número de teléfono y de su disponibilidad para estar conectado. No necesariamente vinculados con la implicación, compromiso e interés del educador por el caso. Y menos aún con el encargo institucional que recibe. Cualquiera puede tener relación solo estando conectado, sin mucho más esfuerzo. De nuevo estos parámetros nos sitúan en el ámbito de lo personal, incluso de la cultura y valores del uso del móvil que cada uno tenga.

Por lo tanto, parece responsabilidad ineludible del educador/a, construir una posición ética ante este tipo de comunicación. Aparece un nuevo reto, la relación educativa puede ampliar sus registros pero no perder su consistencia. Una vez más la referencia al equipo educativo, al centro, a la institución (informando, consultando, compartiendo, reflexionando…), son los factores que pueden convertir en exitosa esta nueva oportunidad educativa. Si la relación queda en el ámbito de lo privado, posiblemente acabe perdiéndose o incluso distorsionando el trabajo educativo.

@nolotarin

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