Lo siento, siempre hay días en los que desde mi boca acaba saliendo la frase ¡Maldita sea!, por ejemplo:
Los días que me toca madrugar mucho. Los días de reuniones interminables. Cada viernes y domingo cuando subo al tren dirección Alcoy o Valencia. Los días en los que mi compañero de piso se bebe la última cerveza fría. Los días en los que el Depor pierde (casi todos). El día antes de un exámen. Cuando algún conductor comete alguna imprudencia. Y así, una lista interminable de motivos por los que de mi boca aparece esta frase.
El lunes fue uno de esos días. 20:20H de la tarde. El autobús 6 dirección Torrefiel para, me subo y me siento. ¡maldita sea!, menuda mierda de día. Un día de esos, en los que una vez terminada la intervención educativa, y con un poco de tranquilidad y tan sólo 60 segundos eres capaz de darte cuenta como ha sido la intervención de tu día. Hay días en los que no das ni una, la agudeza mental no esta al 100%, lento en las respuestas y patoso ante las manifestaciones de los menores. Días de discursos cortos y fáciles. Días donde la asertividad te la has dejado junto al cepillo de dientes, días en los que el que tiene actitudes disociales eres tu y no el menor…esos días son de ¡maldita sea!, pero por suerte, no todos los días son así.
Y es que ya sabemos que esto es muy complejo, pueden pasar años y no ver ningún resultado, pero algo tengo muy claro, el día que el Educador hace una buena intervención, puede ser que al menor le acabe calando un poco, pero el día que el Educador comete errores, ese día tal vez, no le venga nada bien a los menores.
Por suerte, estos días son pocos y los hay en los que solemos triunfar como equipo educativo mucho, y lentamente vamos sacando jugo a nuestro trabajo. Aprovecharé esos días al máximo.
¡Ah! y existe otro tipo de día del que os hablaré mas adelante… “oh yeah!”

12 enero 2011 a las 02:03
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