Detrás del intenso dolor que sufria en el corazón, sólo oia hablar el médico de urgencias con mi padre en terminos profesionales, en los que sólo distinguí la palabra pericarditis, por lo visto, aquello era lo que yo estaba sufriendo en ese momento. Mi padre me miro con mala cara, enseguida supe que iba a probar las camas del hospital, el médico se acercó y me lo comunicó.Ingresé y creo que no dormí en toda la noche.
Allí estaba yo, tumbado en la cama A de la habitación 203. Todavía no le había visto la cara a mi compañero de habitación, y mientras pensaba aquello, entraban en la habitación con regalos y felicitándoles su 63 cumpleaños. “Vaya, debe de ser emocionante celebrar tu cumpleaños en el hospital…”pensé. Cuando todo el mundo se marchó, decidí correr la cortina para felicitar a mi compañero.
Paco era el séptimo infarto que sufría, me decía que ya estaba acostumbrado a aquello., que su corazón era delicado y que tenia que vivir con ello. También me decía que me tomara con calma eso de estar ingresado, que no me agobiara, y así pase los 4 días, en la misma habitación con Paco, y en cada momento me demostraba y se demostraba a él mismo que no tenia que venirse abajo. Pillaba su andador y su botella de oxigeno y paseaba un rato. Paco me decía que se asustaba cuando me veía retorcerme de dolor en la cama, que lo pasaba mal, pero en cambio, el ya no se asustaba de sus infartos.
Me he pasado 4 días en una habitación de un hospital, con visitas de familiares, algunos amigos, etc… y ha sido angustioso. Podría decir que me ha dado mucho tiempo para reflexionar, y es cierto, porque el tiempo lo he tenido, pero no lo he hecho. Ahora tal vez, estos 20 días que debo de estar en casa de “total reposo” me dan mas pie para la reflexión y la autocritica.





